Por Enrique Lomas Urista
Pobre el diablo, hoy también trabajó tiempo extra. “Estás en la orilla y no saltas”, me dice todos los días desde hace casi 6 décadas.
Pobre diablo, tan pendiente de mí, que soy tan poca cosa para sus grandes asuntos.
“Hoy tampoco mataste a nadie”, me lo echa en cara, torciéndome los puños cerrados por la ira.
“Hoy no besaste a nadie”, me reclama lamiendo la sangre que mana de los labios de mi involuntaria abstinencia.
“¡Pero has de caer en mi infierno, en el mundo del sueño, donde mueres cuando estás cansado, matas con gusto al que odias y besas a quien amas, aunque no te quieran!”