Mientras rueda el balón: el partido que Chihuahua jugará después del Mundial

El Mundial tiene una virtud extraordinaria.

Por algunas semanas logra detener conversaciones que parecían inevitables.

Las discusiones políticas se reducen.

Las redes sociales cambian de tema.

Los medios encuentran un nuevo centro de gravedad.

El país entero se concentra en una sola narrativa.

El fútbol.

Sin embargo, cuando el último partido termine, las preguntas importantes seguirán ahí.

Y en Chihuahua esas preguntas tienen nombre propio.

Seguridad.

Desarrollo económico.

Gobernabilidad.

Inversión.

Estado de derecho.

Liderazgo.

Porque más allá del entusiasmo mundialista, el estado se encuentra en la antesala de una de las elecciones más importantes de los últimos años.

La elección de 2027.

Y aunque todavía falta tiempo, los principales actores ya están sobre la cancha.

Andrea Chávez representa quizá el proyecto más visible de Morena en Chihuahua.

Su crecimiento mediático ha sido notable. Tiene presencia nacional, capacidad de comunicación digital y una conexión directa con la narrativa de transformación impulsada por el movimiento gobernante. Su principal fortaleza es precisamente esa: representar continuidad con el proyecto político que domina actualmente el país.

Sin embargo, también enfrenta un reto complejo.

A diferencia de hace algunos años, Morena ya no compite solamente contra el pasado.

Ahora compite contra sus propios resultados.

La discusión sobre desapariciones, el debate alrededor de las madres buscadoras, los cuestionamientos sobre seguridad en diversas regiones del país, el impacto político de casos como Sinaloa y el creciente escrutinio sobre figuras nacionales del oficialismo han comenzado a modificar el terreno político.

La marca Morena sigue siendo fuerte.

Pero ya no es invulnerable.

Por otro lado aparece Cruz Pérez Cuéllar.

Quizá el político con mayor estructura territorial dentro del estado.

Gobierna la ciudad más importante de Chihuahua en términos poblacionales y ha logrado construir una imagen de operador eficaz, particularmente en temas de infraestructura urbana y gestión municipal.

Su principal activo es la experiencia.

Su principal desafío es convencer al resto del estado de que Ciudad Juárez puede convertirse en un proyecto estatal.

No es una tarea sencilla.

La historia política de Chihuahua ha demostrado que gobernar Juárez no garantiza automáticamente conectar con la Sierra, la capital o el sector productivo del centro-sur.

En la otra esquina se encuentra Marco Bonilla.

Posiblemente el perfil mejor posicionado dentro del panismo tradicional.

La capital ha sido históricamente uno de los principales bastiones electorales del PAN y Bonilla ha logrado construir una narrativa basada en servicios públicos, orden administrativo y cercanía con sectores empresariales y de clase media.

Su reto es diferente.

Necesita demostrar que puede trascender el perfil de alcalde exitoso para convertirse en una figura estatal.

Porque una elección de gobernador exige una conversación mucho más amplia que la administración municipal.

Y luego aparece un fenómeno distinto.

Gilberto Loya.

No como candidato necesariamente.

No como proyecto electoral consolidado.

Sino como síntoma de algo que está ocurriendo en la política mexicana.

La aparición de perfiles técnicos con potencial político.

A diferencia de los demás actores, su posicionamiento no surge de una estructura partidista ni de una carrera electoral tradicional.

Su nombre aparece asociado a seguridad, inteligencia, tecnología y profesionalización institucional.

Forbes lo ha vinculado a la relación entre seguridad e inversión.

Infobae lo ha colocado dentro de debates relacionados con cooperación fronteriza y gobernanza.

Su principal fortaleza es la percepción de capacidad.

Su principal desafío es la falta de exposición emocional y política que normalmente exige una candidatura competitiva.

Pero independientemente de quién termine encabezando cada proyecto, el verdadero problema para todos es otro.

El contexto nacional.

Durante años la política mexicana estuvo dominada por la política de identidad.

¿Estás con la transformación o contra ella?

¿Eres oficialista u opositor?

¿Representas el cambio o el pasado?

Esa narrativa fue extraordinariamente eficaz.

Pero comienza a mostrar señales de desgaste.

La ciudadanía parece cada vez más interesada en una pregunta distinta.

¿Quién puede resolver problemas?

La marcha impulsada contra el gobierno estatal hace algunos meses parecía diseñada para trasladar el debate nacional a Chihuahua.

Sin embargo, terminó revelando algo inesperado.

La confrontación política por sí sola ya no garantiza respaldo ciudadano.

Los electores comienzan a exigir resultados.

Y ese fenómeno podría definir la elección de 2027.

Cuando termine el Mundial, Chihuahua seguirá teniendo los mismos desafíos.

Las madres seguirán buscando a sus desaparecidos.

Los empresarios seguirán exigiendo certidumbre.

Las familias seguirán demandando seguridad.

Los jóvenes seguirán buscando oportunidades.

Y los partidos volverán a disputar el poder.

La diferencia es que para entonces ya no importará quién ganó el Mundial.

Importará quién demostró tener la capacidad de conducir al estado durante los próximos seis años.

Porque mientras hoy todos observamos el marcador de una cancha internacional, en Chihuahua ya comenzó el verdadero partido.

Y ese apenas está entrando en tiempo de compensación.

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