El científico español Mariano Barbacid, uno de los investigadores más influyentes en la lucha contra el cáncer a nivel internacional, es considerado una figura clave en el desarrollo de la oncología molecular moderna.
Su trabajo ha marcado un antes y un después en la comprensión de los mecanismos genéticos que originan los tumores.
Barbacid alcanzó reconocimiento mundial en la década de 1980 tras identificar el primer oncogén humano, un hallazgo que permitió demostrar que el cáncer puede originarse por mutaciones en genes normales del organismo. Este descubrimiento sentó las bases para nuevas líneas de investigación y abrió el camino al desarrollo de terapias dirigidas, hoy fundamentales en el tratamiento oncológico.
Formado en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, Barbacid desarrolló gran parte de su carrera científica en Estados Unidos, donde trabajó en el National Cancer Institute (NCI). Posteriormente, regresó a España para impulsar la investigación biomédica desde el ámbito institucional, liderando la creación y dirección del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que bajo su mandato se consolidó como uno de los centros de referencia en Europa.
Además de su labor científica, Barbacid ha sido una voz crítica y constante en el debate público sobre la política científica en España, denunciando la precariedad estructural del sistema de investigación, la falta de continuidad en la financiación y la escasa apuesta por el talento joven. Sus posicionamientos, directos y a menudo incómodos, lo han convertido en una figura influyente más allá del laboratorio.
A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal y el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, compartido con otros destacados científicos.
Mariano Barbacid representa el perfil del científico que combina excelencia académica, liderazgo institucional y compromiso crítico con su entorno. Su legado no se limita a los avances en la comprensión del cáncer, sino también a la construcción de una cultura científica más exigente, rigurosa y visible en el espacio público.

