#Opinión | Ingreso vital

En la internet encontrarás un producto de la pandemia: la hashtag #IngresoVital.  En esta etiqueta, como en muchas otras cosas, la pandemia nos dinamiza una intención del estado de bienestar, que no ha podido concretar en toda su existencia: el derecho a la seguridad social universal, deficitario en dos tercios de la población mexicana y fraseado como ingreso vital, ingreso mínimo de bienestar, ingreso solidario.

Esperemos que como aporte de la crisis sanitaria y económica, que ya entró en un reclamo desesperado de alimentos, por amplios grupos sociales, y que en respuesta solidaria OSC, diputados y senadores han lanzado la iniciativa, que requiere de tu apoyo, la  hashtag #IngresoVital.

Medida emergente y temporal, que puede desembocar en la institucionalización del derecho universal a la seguridad social y a la desaparición de la naturalización discriminatoria de trabajadoras y trabajadores formales e informales.

En los ya casi cuatro meses de pandemia en nuestro país, la narrativa casi monotemática de las conferencias mañaneras y vespertinas ha sido una crónica de la evolución de la pandemia y la exposición machacona de la pedagogía rouseauniana, por repetitiva, del mandato preventivo de: “Quédate en casa”; el énfasis preventivo del contagio sanitario no se corresponde con un énfasis igualmente preventivo de los tres derechos fundamentales que conlleva el “Quédate en casa”: el empleo, el ingreso, la seguridad social, que incluye a la seguridad alimentaria.

La Universidad Iberoamericana,  a través del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE), ha realizado dos ejercicios, abril y mayo,  de seguimiento a la evolución de la pandemia en el impacto económico, de empleo,  ingreso, alimentación y salud mental. El instrumento es una  Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares Mexicanos (ENCOVID-19).

La ENCOVID-19 es una encuesta representativa de la población mexicana que busca estudiar los impactos de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19 en el bienestar de los hogares mexicanos.

Recojo los datos de mayor impacto y que justifican la urgencia de consolidar con amplia participación ciudadana,  la iniciativa de la  hashtag  #IngresoVital.

El 81.1% de los hogares cumple la consigna preventiva de quedarse en casa; 65.1% de los hogares declaran reducción del ingreso; 1 de cada 3 hogares reporta una reducción de 50% o más de sus ingresos; 24% están en inseguridad alimentaria; 11.4% sale a ganarse la comida diaria;  2 de cada 3 empleos perdidos corresponden al sector informal de la economía, siendo las mujeres y los trabajadores con menores remuneraciones los más afectados; 31.4% de los individuos de 18 años o más presentaron síntomas severos de ansiedad.

Lo más alarmante y esperemos no llegar a ese extremo, son las estimaciones del EQUIDE que sugieren que las afectaciones en empleo, ingresos y seguridad alimentaria de los hogares podrían llevar a la pobreza a 76.2% de la población: 95.2 millones de personas.

A pesar de la pensión universal para personas mayores de 68 años y los otros programas focalizados en jóvenes y estudiantes el 75.3% de los hogares reportaron no recibir programas sociales o ayudas de gobierno. Sólo 10.8% declaran recibir las Pensiones para el Bienestar y 7.1% las Becas Benito Juárez.

La visibilización  del impacto de la pandemia en la profundización de las desigualdades que nos ofrece al ENCOID 19 nos obliga como Estado a  promover una política pública de emergencia, que pudiera institucionalizarse de modo universal y de por vida: el ingreso vital.

¿Qué es la iniciativa del ingreso vital?

La iniciativa tiene una dimensión de gestión política y de participación ciudadana frente a los poderes legislativos y ejecutivos de los diferentes órdenes de gobierno.  Obviamente con mayor énfasis en el orden federal, porque se requiere del carácter nacional de la política pública, con la contraparte de los gobiernos estatales,  municipales, la sociedad civil y el sector privado.

Para participar solo hay que seguir las indicaciones de la página www.#IngresoVital.org

Hay otro nivel de participación, no menos importante, el de la atención a la emergencia alimentaria, que ya se presenta en 24% de los hogares y que nos convoca a atener a nivel vecinal y comunitario. La misma página sugiere estrategias organizativas que se han internacionalizado, como las bandera blancas en las ventanas o puertas de las casa, símbolo de petición de ayuda. Y organizar la gestión de respuesta a través de comités vecinales y comunitarios.

La pandemia nos ofrece la oportunidad de crecer en sustentabilidad como especie humana, actuando con la Ética de la Solidaridad que nos propone Edgar Morin. O bien, “De ésta vamos a salir  más pobres y más tontos”, como nos advierte el arquitecto y ensayista Oscar Tusquets.

Rafael Lucero Ortiz, analista y consultor independiente.

Comentarios

comentarios

Abrir chat